Hay un instante, casi todas las tardes, en que la bahía de Santo Antônio de Lisboa se vuelve color cobre. Las casas azorianas de fachada blanca se convierten en siluetas, los barcos se detienen sobre el agua quieta y el continente, del otro lado, se va encendiendo despacio.
No es casualidad que este sea el atardecer más fotografiado de la isla. Es geografía: el pueblo mira al oeste, sobre un tramo de mar en calma, sin edificios entre tú y el horizonte. Pero el secreto está en la hora de llegar, y en sentarse sin prisa.
En nuestros recorridos, este atardecer es el cierre de toda una tarde de historia: fortaleza, molino, calles de piedra y, entonces, el silencio de ver terminar el día en uno de los lugares más lindos de Floripa.