La Costa da Lagoa resistió al tiempo justamente por ser difícil de alcanzar. No hay carretera: se llega en barco por la Lagoa da Conceição o por un sendero antiguo. Esa dificultad es, también, lo que la preservó.
En nuestros paseos hacemos lo mejor de ambos mundos. La ida es en navegación privada; la vuelta es a pie, al ritmo justo para ver el molino de harina, las casonas y la vida cotidiana de una comunidad que todavía vive de la laguna.
Es un recorrido de un valor antropológico poco común, y un recordatorio de que algunas de las cosas más lindas de la isla solo se revelan a quienes se animan a caminar hasta ellas.